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miércoles, 8 de diciembre de 2010

Javier, le concedo cinco minutos para que me mate.



 No me dijiste nada y me convenciste de todo cuanto creias, te crei y aqui estoy, creyendo en tí una vez más, dejando que nuevamente mi corazón, mi alma, mi ser, vuelva a sentir. Como una vez sentí el cemento tibio bajo mis pies mojados, como una vez senti el pasto mojado en las rodillas y la tierra en mis manos.
 Gracias hermanos mio, mi tan anhelado nonato, mi extensión minima engrandecida, mi siembra mejor cuidada, tú; mi mejor cosecha.
  Eres tú el que una vez más me demuesta lo ingenuamente absurdos que somos los adultos en temas tan basicos y necesarios como el amor, me das la confianza que ayer perdi, y me recuerdas lo importante que es soñar, y más aun, cumplir los sueños.
  Hoy quiero comer, mañana rezare, y tal vez la proxima semana me digne a amar, pero nose, aveces las hermosas peliculas nos hacen creer una vez más, en que sus finales son los precisos.
  Gracias Javi

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